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PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE LA CHÍA Y SU CONSUMO 1. Qué es la Chía. La Chía o Salvia Nativa es un producto originario de México, que en los años 1500 y 900 AC constituían el alimento básico de los Mayas y de los Aztecas, además de ser usada como medicina general. Los cultivos fueron arrasados por los españoles por considerarla una planta sacrílega, salvándose algunas áreas en las zonas montañosas de México. La Chía reaparece en 1991 y debido a numerosos trabajos médico-científicos se reconocen sus propiedades y se desarrolla el cultivo. 2. Descripción y Composición de la Chía La Chía ( Salvia Hispánica) es una planta de verano de la familila de las Labiatae. Sus hojas contienen un alto contenido de ácidos escenciales (indispensables para el organismo y que el cuerpo no los produce), los que actúan como un poderoso repelente de insectos, gracais a lo cual se evita la necesidada de utilizar químico para proteger los cultivos; siendo una semilla natural y orgánica. La Chía está constituída principalmente por aceites ( 32-39%), no contiene colesterol, posee alrededor de un 20% de proteínas, además de calcio, hierro, fibra dietética y antioxidantes. Es reconocida como la mayor fuente de Omega 3. El análisis químico efectuado por la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Químicas de la U de Chile indicó que la Chía contiene 60% del ácido esencial de Omega 3 ( Acido linolénico). Ver análisis. 3. Acidos Esenciales Grasos Existe un grupo de ácidos grasos que se denominan ácidos grasos esenciales (AGE), los cuales no pueden ser producidos por el hombre y deben ser incorporados a partir de la dieta. Los AGE para el hombre son: los ácidos grasos Omega-3 (ácido alfa-linolénico y sus derivados de cadena larga, EPA-DPA y DHA) y los ácidos grasos Omega-6, cuyo precursor es el ácido linoleico. Los AGE son necesarios para la estructura y flexibilidad de las membranas celulares. Los AGPI Omega-3 y Omega-6 son precursores de los eicosanoides, que son un grupo de compuestos que afectan varios procesos biológicos, tales como la agregación de las plaquetas de la sangre y la contracción de los vasos sanguíneos. Los Omega-3, son también importantes en el desarrollo del sistema nervioso, incluyendo el funcionamiento de los nervios y la retina, así como en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, depresión, fibrosis quística y artritis, entre otras. Científicos demostraron que, además, tienen muchas otras funciones biológicas importantes, como participar de los procesos inflamatorios y del desarrollo del tejido nervioso. El interés mundial en estas sustancias de origen natural está en franco crecimiento. En lo últimos años, nueva información científica mostró cómo los Omega-3 afectan la función cardíaca y ha esclarecido su mecanismo de acción y su rol en la prevención de diversas enfermedades. 4. Como se consume la Chía La Chía no tiene olor ni sabor ( problema que presenta el pescado), lo que permite mezclarla con líquidos y alimentos de preferencia del consumidor. Al Chía tien la particularidad de al estar en contacto con líquidos absorve líquido equivalente 9 a 12 veces su tamaño. En con tacto con agua por ejemplo suelta la fibra soluble que posee y forma un mucílago ( gelatina) que puede ser digerida directamente ( o mezclada con yogurt, café, bebidas, etc). Otra forma de consumirla es mesclara con los alimento, aliños, ensaladas, fabricación de pan y postres, etc. 5. Importancia de los Omega 3 Las membranas celulares son barreras biológicas caracterizadas por presentar permeabilidad selectiva. Están implicadas en el proceso de la transformación de la energía, controlan el flujo de información entre las células y contienen receptores (proteínas de membranas) que interactúan con ligandos, tanto endógenos como exógenos. Desde el punto de vista estructural, las células están conformadas por una doble capa de fosfolípidos con proteínas intercaladas. Dentro de los lípidos de membrana se encuentran los Acidos Esenciales Omega-6 y Omega-3 (ácido linoleico y algo de ácido alfa linolénico, ácido araquidónico (AA), el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA)). La función de éstos ácidos grasos, es aportar mayor flexibilidad a las membranas celulares, permitiendo el movimiento de proteínas en su superficie y dentro de la bicapa lipídica. La oxidación de los AGPI de cadena larga (20-carbonos) tales como el ácido araquidónico (C20:4 Omega-6), el ácido eicosapentaenoico (C20:5 Omega-3) y el dihomo gamma linolénico (C20:3 Omega-6), originan una familia de compuestos biológicos denominados "eicosanoides" donde se encuentran las prostaglandinas, los tromboxanos y los leucotrienos. Los integrantes de esta familia compleja de lípidos se comportan como hormonas locales. Es decir, que se producen, actúan y se degradan "in situ", lo que les dio además el nombre de "autacoides". Sus funciones son, en muchos casos, antagónicas. Los tromboxanos ejercen efectos vasoconstrictores en el endotelio al estimular la contracción del músculo liso vascular. Estos mismos eicosanoides también estimulan la agregación plaquetaria favoreciendo la coagulación sanguínea y por consiguiente la formación de trombos por lo cual se los considera agentes trombóticos. Las prostaglandinas tienen efectos antagónicos a los tromboxanos, es decir, ejercen efectos vasodilatadores e inhiben la agregación plaquetaria produciendo un efecto antitrombótico. Los leucotrienos, por otra parte, dependiendo del ácido graso que los origine, ejercen una variedad de acciones pro-inflamatorias o antiinflamatorias, proagregantes o antiagregantes, vasoconstrictoras o vasodilatadoras. 6. Para qué son efectivos los Omega 3 De lo expuesto, resulta comprensible que un aumento en la concentración de EPA en los tejidos como producto de la ingesta de Omega-3, pueda ejercer un efecto protector en la homeostasis vascular. Esta protección se traduciría en la prevención de la formación de trombos y en un estímulo para la vasodilatación y las respuestas antiinflamatorias, procesos que en su conjunto confieren un menor riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Como se mencionó en ítems anteriores, la presencia de EPA en los tejidos permite regular la actividad de los mecanismos involucrados en el metabolismo lipídico, en el proceso de coagulación y agregación plaquetaria por lo que se asocia principalmente con protección cardiovascular. El docosahexaenoico (DHA) cumple funciones diferentes. Se lo considera fundamental para la formación de tejido nervioso y visual, por lo tanto su requerimiento es marcado en las primeras etapas de desarrollo intrauterino como en el período de lactancia. Esto ha llevado a que varios organismos internacionales y equipos de expertos hayan formulado sugerencias respecto al aporte de Omega-3 en los niños. Todos recomiendan la alimentación con leche materna que contiene Omega-3. El embarazo y la lactancia se asocian a una disminución de ácidos grasos maternos, por lo que parece prudente que en todo ese período las mujeres aumenten la incorporación de Omega-3, fuente principal de AGPI para sus niños. Los ácidos grasos Omega 3 son efectivos en la prevención y tratamiento de condiciones crónicas como la diabetes tipo 2, la artritis reumatoidea, las enfermedades coronarias, la hipertensión y ciertos tipos de cáncer. 7. Requerimientos diarios de Omega 3 Recientemente, la American Heart Association emitió una serie de recomendaciones sobre el uso de AGPI Omega-3 en: 1) Pacientes sin enfermedad cardíaca coronaria documentada: se sugiere ingerir 5 grs diarios de Omega 3 2) Pacientes con enfermedad cardíaca coronaria documentada: se recomienda la ingesta 5 a 10 gramos diarios de Omega-3 3) Pacientes con hipertrigliceridemia: se indica consumir de 10 a 20 g. de Omega-3 y control médico. El consumo de 5 gramos diarios de Chia cubre los requerimientos diarios de ácidos grasos Omega-3 recomendada por organizaciones de nutrición como la Organización para la Agricultura y la Alimentación/Organización Mundial de la Salud (2002), la Fundación Británica de Nutrición (1999) y el Departamento de Salud y Bienestar de Canadá (1990),con efectos favorables sobre el colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos en seres humanos 8. OMEGA 3 y enfermedades Cardiovasculares Las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causa de muerte en el mundo. Las medidas dietéticas para reducir el riesgo cardiovascular se focalizan principalmente en la reducción del consumo de ácidos grasos saturados y ácidos grasos trans (ácidos dañinos para salud) y en un incremento de la ingesta de Acisdos Esenciales y fibra para disminuir el colesterol LDL. En la actualidad existe un número creciente de evidencias que sugieren que los ácidos grasos Omega-3 reducen el riesgo de padecer eventos cardiovasculares y sus complicaciones a través de una serie de acciones que incluyen efectos sobre el perfil lipídico, la presión arterial, la función cardíaca y vascular, la coagulación y la respuesta inmune. Muchos estudios de observación y de intervención en sujetos sin historia cardiovascular, han evidenciado una reducción en la tasa de eventos y mortalidad cardiovascular mediante el consumo de Omega-3, en particular en individuos de alto riesgo. Los beneficios del consumo de Omega-3 en pacientes con antecedentes de evento cardiovascular también han sido evaluados en varios estudios prospectivos controlados y randomizados. Entre ellos, el estudio DART (Diet and Reinfarction Trial) evidenció una reducción del 29% en la mortalidad total en hombres que consumían Omega-3. Otro estudio en prevención secundaria a gran escala, el GISSI Study, involucró 11324 pacientes con antecedentes de infarto de miocardio que fueron asignados en cuatro grupos de tratamiento al azar: 1g/día de Omega-3 o 300 mg/día de vitamina E, ambos, o sin tratamiento. Luego de un período de seguimiento de 3,5 años la mortalidad total se redujo un 20%, mientras que la muerte cardiovascular y la muerte súbita disminuyeron un 30% y 45% respectivamente, en el grupo bajo tratamiento con Omega-3 que sobrevivieron a un primer evento cardiovascular (prevención secundaria). Teniendo en cuenta la evidencia disponible la Asociación Americana del Corazón recomienda el consumo de 10 a 15 g/día de Omega-3 en sujetos con antecedentes de enfermedad cardiovascular y de 5 g para sujetos en prevención primaria. 9. Coagulación y Agregación Plaquetaria Los Omega-3 en el organismo", éstos AGPI afectan la agregación plaquetaria, modificando la síntesis de eicosanoides, que son producidos por una amplia variedad de células y de tejidos a partir de fosfolípidos de membrana. En forma breve, recordemos que el EPA ejerce efectos plaquetarios antiagregantes y vasodilatadores en el endotelio vascular al transformarse por acción de la ciclooxigenasa en los eicosanoides tromboxano A3 y prostaciclina I3. En los leucocitos, la lipooxigenasa transforma el EPA en leucotrieno B5 que promueve acciones antiinflamatorias y antiagregantes. Se ha demostrado a través de diversos estudios que los AGPI Omega-3 tienen actividad antiagregante plaquetaria y alargan el tiempo de sangría dentro de límites fisiológicos en dosis entre 1 a 3.5 g diarios, sin incremento de riesgo hemorrágico. 10. OMEGA 3 y la Hipertensión Arterial Uno de los principales factores de riesgo cardiovascular es la presión arterial, la cual aumenta cinco veces la probabilidad de enfermedad cardiovascular es responsable del 34% de las muertes en países desarrollados. En forma breve, la hipertensión arterial disminuye la elasticidad y favorece el depósito de placas de ateromas a través de micro injurias que permiten que las lipoproteínas o colesterol malo de baja densidad (LDL) penetren la pared de la arteria, iniciando el mencionado proceso. La administración de AGPI Omega3 en altas dósis (5 - 10 g/día) produce un marcado descenso de la presión arterial sistólica y diastólica en hipertensos moderados. Goodfellow y col. Demostraron una mejoría significativa en la vasodilatación de la arteriabraquial dependiente de flujo luego de 4 meses de la administración de 5 g de Omega-3 al día. Un estudio realizado por Bonnaka y cols. en pacientes con hipertensión moderada (sistólica: < 180 mmHg y diastólica: 85-110 mmHg) demostró que el suplemento con aproximadamente 5 g/día de Omega-3 reduce la presión arterial sistólica y diastólica. Por otra parte, un meta análisis sobre 36 estudios randomizados evidenció que los ácidos grasos Omega-3 pueden generar una reducción de 2,1 y 1,6 mmHg en la presión sistólica y diastólica respectivamente. 11. OMEGA 3 y Lípidos Plasmáticos El nivel elevado de triglicéridos plasmáticos se reconoce cada vez más como un marcador independiente del riesgo cardiovascular. Por lo tanto, los factores nutricionales que pueden ayudar a controlarlos tienen un papel importante en la prevención. Se ha demostrado clínicamente que los ácidos Omega-3 reducen la hipertrigliceridemia plasmática, disminuyen su síntesis hepática y la liberación a la circulación de VLDLs, ricas en triglicéridos. Actúan en conjunto con factores de transcripción, lo que resulta en una modificación de su estructura y por ende, en su capacidad de activar o de inhibir genes. Los Omega-3 y los factores de transcripción modulan la producción del triglicéridos en la célula. Como resultado de la inhibición de la síntesis de ácidos grasos y de un aumento en su catabolismo, la cantidad de substrato disponible disminuye, y por lo tanto, su nivel plasmático. Lo mismo ocurre con el VLDL. El consumo dietético de AGPI Omega-3 baja los niveles post prandiales de triglicéridos en sujetos normales y en hiperlipidémicos demanera consistente, con dosis de 5 a 10 g/día. Su uso como preventivo del riesgo cardiovascular está ampliamente documentado. 12. OMEGA 3 y las Arritmias Cardíacas La aparición de arritmias es una de las complicaciones más graves que puede sufrir un infartado. Recientes estudios describen que los ácidos grasos Omega-3 tienen la capacidad de estabilizar eléctricamente al corazón, lo que explica su acción antiarrítmica, disminuyendo la probabilidad de muerte súbita después de un infarto. Los ácidos grasos conservan las paredes de las células sanas y flexibles, reduciendo los riesgos de problemas de ritmo cardiaco y previniendo la formación de coágulos de sangre. 13. OMEGA 3 e Inflamaciones ( Artritis, Asma, Diabetes) La reacción inflamatoria es una respuesta no específica del cuerpo a la agresión producida por las "noxas" (traumatismos mecánicos, agresión química y/o microbiana). Clínicamente se la conoce como "Tétrada de Celsi" y consiste en rubor, tumor, calor y dolor. Estos signos y síntomas son resultado de la activación de mediadores químicos, sobre todo de los leucocitos y de macrófagos, e incluyen la prostaglandina E2 y el leucotrieno B4 (LTB4), que son derivados del ácido araquidónico. Los macrófagos activados producen un arsenal de citoquinas como la interleukina 1 (IL-1), y el factor de la necrosis tumoral (TNF). Los AGPI Omega-3 inhiben la síntesis de eicosanoides a partir del ácido araquidónico y la producción de citoquinas por los monocitos y macrófagos. Estas sustancias promueven la formación de prostaglandina E3 y de leucotrieno B5, lo que genera eicosanoides menos activos como agentes pro-inflamatorios. Su ingestión también baja el contenido de ácido araquidónico de las membranas de las células y por lo tanto, su disponibilidad para la síntesis de eicosanoides. Otros mediadores inflamatorios tales como citoquinas, interleukinas y el TNF, tienen acción celular pro-inflamatoria. Los Omega-3 inhiben su producción a través de un mecanismo aún no completamente aclarado. En conclusión, estos AGPI Omega 3 reducen las respuestas inflamatorias del organismo que, si bien bajo circunstancias normales tienen una función protectora y beneficiosa, cuando son crónicas o exageradas pueden dar lugar a complicaciones sistémicas como artritis reumatoidea o enfermedad de Crohn, entre otras. La implicancia de los eicosanoides en mecanismos inflamatorios e inmunes sugiere que el reemplazo de los derivados del ácido araquidónico por los del Omega-3 puede desempeñar un papel beneficioso. Se postula que su administración disminuiría el consumo de antinflamatorios y en consecuencia los efectos adversos asociados a estas drogas: hemorragia digestiva, aumento del tiempo de sangría o nefrotoxicidad, entre otros. a) - Artritis reumatoidea: La evidencia epidemiológica apoya la hipótesis de que el consumo de Omega-3 podría prevenir el desarrollo de la artritis reumatoidea. Se han realizado distintos estudios clínicos controlados con placebo utilizando estos ácidos grasos. Los parámetros evaluados incluyeron el número de articulaciones dolorosas, número de articulaciones hinchadas, rigidez matinal e impresión global. Las mejoras clínicas observadas no fueron asociadas generalmente a cambios significativos en los indicadores del laboratorio de la actividad de la enfermedad (eritrosedimentación, proteína C-reactiva), pero sí a una producción disminuida de mediadores inflamatorios. Además, el tratamiento con Omega-3 permitió reducir el uso de drogas antirreumáticas. Los resultados beneficiosos comenzaron a observarse a las 8 semanas. A pesar de la heterogeneidad en el diseño de estos trabajos se logra coincidencia respecto de que el tratamiento con 3 a 5 gramos diarios de Omega-3 produce mejora clínica objetiva respecto del placebo. Curtis y cols. probaron recientemente que los Omega-3 modifican la expresión y la actividad de factores catabólicos implicados en la destrucción del cartílago articular. Esta acción sería un efecto positivo adicional en artritis reumatoidea. b)-Asma: Los suplementos Omega-3 pueden mejorar la función bronquial en adultos con asma, debido a sus características antiinflamatorias. c)- Diabetes: Los enfermos con diabetes tienden hacia la trigliceridemia alta y a niveles bajos de HDL. Los Omega-3, precisamente, disminuyen los triglicéridos y por consiguiente aumentan las HDL. Un estudio reciente de cohorte en mujeres con diabetes demostró que las que consumieron AGPI Omega-3 mostraron una incidencia más baja de enfermedad cardíaca y mortalidad coronaria. d) - Psoriasis: La psoriasis puede definirse como una enfermedad inflamatoria cutánea que se caracteriza por una rápida renovación tisular. Algunos ensayos han evidenciado mejoría de los síntomas en sujetos con psoriasis que reciben suplementos de Omega-3. 14. OMEGA 3 y Neoplasias ( Cáncer de mama, cáncer intestinal Investigaciones con animales sugieren que la alimentación rica en Omega-3 reduciría el riesgo de cáncer de mama, así como del intestinal. Sería por la acción inhibidora de la síntesis de eicosanoides dependientes del ácido araquidónico. Estos efectos potenciales podían depender del valor de ácidos Omega-6 y antioxidantes. Cáncer Se supone que la ausencia de balance entre Omega-3 y Omega-6 podría ser un factor que predispone para la aparición de ciertos tipos de cáncer. En el estudio de casos-controles en cáncer de mama realizado por Simonsen y cols, el cociente entre Omega-3 y ácidos grasos totales Omega-6 en el tejido adiposo era inversamente proporcional a la incidencia de la enfermedad. Otros análisis que evaluaron la producción de lipoperóxidos citotóxicos a partir de la lipo oxidación, sugirieron que los Omega-3, pueden inhibir el crecimiento tumoral induciendo apoptosis de las células tumorales. Existe evidencia de que los Omega-3 aumentan la sensibilidad de las células cancerosas a los agentes antineoplásicos. Esto es apoyado por los resultados de un estudio prospectivo realizado por Bougnoux y cols., quienes observaron una respuesta mayor a la quimioterapia en pacientes con cáncer de mama y altos niveles de ácidos Omega-3 en el tejido adiposo. r Los científicos insisten en que la enfermedad puede evitarse si se modifican los estilos de vida, entre ellos la alimentación, por estilos mas saludables. En efecto, existen numerosas investigaciones que han demostrado que los ácidos grasos Omega-3 tienen la capacidad de reducir el crecimiento de células cancerigenas y que, por lo tanto una dieta rica en dichos nutrientes reduce la incidencia de cáncer de mama, colon y próstata. Cáncer de mama y colon Puede contribuir a prevenir el cáncer de mama, colon, entre otros, así como a reducir el crecimiento de las células cancerigenas y la movilidad de las mismas. Se estima que un cambio en la dieta puede reducir la incidencia global de cáncer entre un 30 y un 40 por ciento, lo que equivale a que entre tres y cuatro millones de casos anuales en todo el mundo podrían evitarse. 15. OMEGA 3 y el Sistema Nervioso (Alzheimer, Déficit Atencional, Depresión Es sabido que el déficit de ácidos grasos puede provocar alteraciones en el aprendizaje, en el comportamiento y disminución de la agudeza visual. Incluso se lo ha relacionado con el cambio de humor y las emociones. El tejido nervioso es el segundo con mayor concentración de lípidos luego del adiposo, siendo los niveles de AGPI particularmente altos en la retina y en la corteza cerebral. Los Omega-3 forman parte de hasta el 50% de los ácidos grasos presentes en estos tejidos, y están implicados en funciones neuronales y visuales. Si bien el cerebro y la retina tienen mecanismos para conservarlos, ambos dependen de su aporte continuo para funcionar óptimamente. El papel de ácidos grasos en el tejido nervioso es sobre todo estructural y están implicados en la función de la membrana neuronal. Un cambio en la composición en las membranas sinápticas, puede afectar la función de los receptores neuronales, de canales iónicos, de enzimas, así como la transmisión de las señales intra e inter celulares generadas por los segundos mensajeros formados a partir de los mismos. Para que las células nerviosas puedan cumplir sus funciones, deben recibir ácidos Omega-3 y Omega-6, que provienen de la dieta como tales o como ácidos alfa-linolénico y linoleico, respectivamente, elongados y desaturados en el hígado y luego transportados al cerebro. Por otra parte, el cerebro puede sintetizar Omega-3 a partir del precursor dietético: ácido alfa linolénico. En animales, se evidencia que la administración de Omega-3 causa una disminución concurrente del Omega-6. Se cree que esto también podría pasar en el cerebro humano. Se ha observado un mayor contenido en AGPI en cerebros de niños alimentados con leche materna, y que infantes con problemas de atención y aprendizaje parecen tener niveles más bajos de Omega-3. Varios ensayos postulan la existencia de una relación entre una baja tasa de Omega-3 y desórdenes mentales, tales como depresión post parto y demencia. En Harvard, Stoll y cols. han demostrado que es posible mejorar el equilibrio emocional corrigiendo el aporte de Omega-3. En la depresión, su severidad aparenta ser inversamente proporcional a los niveles del Omega-3 dietético. En un estudio reciente, Kalmijn y cols. observaron una correlación en ese sentido entre el consumo de Omega-3 y el desarrollo de demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer.
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